sábado, 9 de enero de 2010

Existió una vez

Sobre la Montaña Plateada, un hombre que nunca ha visto la luz del sol divaga en la noche eterna. Su locura le hace gritar, maldecir, llorar y reír al mismo tiempo sin ningún control.

Pero a veces, así como las olas se retiran de la arena para descubrir por unos instantes precioso tesoros venidos de las profundidades del mar, la cordura asoma en aquel hombre, una cordura deslumbrante y llena de un sentido que enloquecería a quien le comprendiera por completo.

Quienes se quedan a escuchar sus discursos, esperando pacientemente en la lejanía a que la locura ceda por un instante, le llaman "El Hombre de la Montaña Plateada".

Existió una vez
(Discurso emitido por el Hombre de la Montaña Plateada a un insecto que pasaba volando)

Hace mucho tiempo, querido amigo, existió un mundo creado por un dios perfecto. Ese mundo era tan perfecto como ese dios, pues cualquier falla en su diseño sería evidencia de la propia imperfección de la deidad.

Ese dios no solo creó un mundo, sino que creó millones y millones de formas de vida para habitarlo y las bendijo a todas ellas, pues como parte de él amaba a todas ellas, hasta a la más pequeña de todas.


Y él les entregó ese mundo en que la comida brotaba de la tierra, el aire se podía respirar y todos los sueños se podían cumplir. En ese mundo, si querías volar los aires sostendrían tus alas, si querías nadar las aguas te recibirían en su seno, y si querías correr la tierra sostendría tu carrera. incluso si no tenías alas, ni aletas, ni pies, con un poco de ingenio encontrarías lo necesario para cumplir tu sueño.

Se dice que incluso ese Dios creo muchos otros mundos vacíos y deshabitados, pues si alguna de sus criaturas le gustaba explorar y aprender, tarde o temprano habría recorrido y documentado todo su mundo, así que les dejó millones y millones de mundos para explorar e incontables secretos para descubrir.

¿Y sabes que le pidió ese dios a sus criaturas a cambio de dejarlos quedarse en ese paraíso?.... Nada, nada en absoluto, pues un dios no necesita nada, ni reconocimiento, ni adoración ni respeto, pues un dios existe en sí mismo y no en los demás, como el resto de las criaturas mortales.

Lo que si hizo ese dios fue crear una ley que garantizara la perfecta armonía y funcionamiento de ese mundo. pero el dios se enfrentaba a un problema: ¿Como hacer que todos los seres vivientes conocieran esa ley sin importar su lenguaje, su riqueza o pobreza o incluso su capacidad de hablar o no?, ¿Como hacer que hasta en la más dura de las pobrezas llevaran siempre consigo una copia de esa ley para conocerla y seguirla?.

Como gran dios que era, tardó en solucionarlo menos que lo que llevas escuchandome, así que escribió su ley en aquel lugar que todos siempre llevarían, conocerían y entenderían: En el corazón de cada criatura viviente. A partir de allí las criaturas tuvieron sentimientos e instintos, los cuales eran reflejos de la ley escrita por ese dios. Así, tdas aquellas criaturas que actuaron basados en sus instintos y nunca desobedecieron a ese dios.

¿Que que pasó con ese Dios?, ya te dije que ese dios no necesitaba nada, nisiquiera reconocimiento, así que dejó ese mundo y las criaturas que en él y nunca supieron nada sobre su creador, pues el nunca necesitó nada de ellos y ellos jamás necesitaron nada de él.


Pero algo ocurrió. Un demonio que odiaba a ese dios vio aquella magnifica obra y se dispuso a corromperla, pues su poder no era suficiente como para destruirla.

Entonces ese demonio se quedó mirando a todas las especies que crecían y evolucionaban en ese mundo, hasta que encontró una especie adecuada para su plan. Eran unos seres sumamente curiosos y comenzaban a hacerse preguntas como ¿Porque hay noche y día?¿Porqué el viento sopla?¿Porqué estamos aquí?

Y ese demonio se presentó ante ellos y les dijo "Yo soy su Dios, yo creé el mundo y los creé a ustedes con un solo propósito, que me adoren". Entonces el demonio hizo algunos trucos usando su escaso poder para impresionar a aquellas criaturas, levantando columnas de fuego, inundaciones, pestes, curaciones milagrosas y hasta resurrección de muertos.

No fue muy difícil que aquellos seres que se hacían llamar humanos creyeran sus mentiras y lo consideraran un dios, sobretodo si nunca habían conocido alguno.

Ese demonio entonces puso en marcha su plan, hizo que aquellas criaturas abandonaran la ley de su creador diciéndoles "Todo lo que venga del corazón es maligno y pecado, no sigan sus instintos y luchen contra las tentaciones de la carne". Y las criaturas obedecieron.

Como ese demonio no era capaz de escribir en el corazón de los humanos, les entregó un libro diciendoles que ese era su mandato, era su palabra, su ley y que toda la verdad estaba contenida en ese libro.

Los hizo odiar al mundo en el que vivían diciéndoles que el mundo era maligno, y les hizo soñar con un nuevo mundo, mejor que el que les habían entregado a cambio de fidelidad y obediencia.

Incluso, ese demonio llevo a aquellas criaturas a guerras sangrientas, presentándose varias veces con distintas formas y nombres a diferentes colonias de humanos, argumentando ser el único dios e instándolos a combatir a aquellos que lo negaran, cometiendo crímenes en nombre de dios.

Después de un tiempo, los humanos quedaron tan corrompidos que ellos mismos comenzaron a destruir ese mundo, no quedó nadie que siguiera sus instintos y comenzaron a cazar y extinguir a las criaturas que el demonio no había conseguido engañar.

Sonriente se sentó a ver su obra.

Pero el dios verdadero lo observaba todo, y no hizo nada, pues tenía fe en sus criaturas, sabía que algún día alguien se daría cuenta de las mentiras, alguien amaría el mundo y a su creador sin pedir milagros ni paraísos, alguien dejaría de adorar al demonio, abrazaría sus instintos y diría a los otros:

Una Rueda!!!, Puedo Rodar!!!!, Puedo Sentir!!!!



Soy el Hombre de la Montaña Plateada!!!!

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